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martes, 23 de agosto de 2022

Científico creyente nº 32 – George Gabriel Stokes (1819 – 1903)

Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Físico nº 12; creyente nº 32

Retrato de Stokes: Archivo Visual AIP Emilio Segrè, Colección E. Scott Barr

32.                           George Gabriel Stokes (1819 – 1903)

Matemático y Físico irlandés, hijo del Reverendo Gabriel Stokes. Ocupó el importante puesto de Profesor Lucasiano[1] de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, entre 1849 y 1903. Fue secretario de la Royal Society de Londres durante treinta años y luego presidente por cinco años y presidente del Instituto Victoria (creado en 1865 para explorar la relación entre la religión y la ciencia) entre 1886 y 1903[2]. Recibió la medalla Rumford[3] en 1852 por su descubrimiento del cambio en la refrangibilidad de la luz y la medalla Copley[4] en 1893 por sus investigaciones y descubrimientos en ciencias físicas.

Investigó experimentalmente sobre casi todos los temas de física; se destacó en óptica, muy especialmente en el funcionamiento del ojo; también en la fricción en los fluidos, en la fluorescencia, en las órbitas planetarias, en la gravitación, en los rayos x, etc.  Hay una ley que lleva su nombre (sobre la fricción de un objeto que se mueve en un fluido viscoso). Se sabe claramente que toda su investigación la hizo con la certeza de que la naturaleza es obra de Dios, y que sus leyes funcionan  según Su voluntad y que si Él lo quería podía cancelarlas[5].

Publicó Natural Theology[6] (Teología Natural), un volumen basado en las Conferencias Gifford (establecidas por Lord Adam Gifford “para promover y difundir el estudio de la Teología Natural en el sentido amplio del término, en otras palabras, el conocimiento de Dios”[7]) que el dictó en 1891. En la página oficial de las conferencias[8] se encuentra el texto completo; allí Josipa Petrunic, de la Universidad de Edimburgo, realiza un resumen en el que afirma que Stokes “se centró en la cuestión del diseño divino, al que definió como voluntad y creación de Dios. Para Stokes el Diseño contrasta con el materialismo, que postula que toda la vida y todos los fenómenos inorgánicos son causadas por las leyes naturales, y nada más. Stokes refuta esa opinión con el argumento de que una concepción materialista del universo no puede explicar por qué existen ciertas leyes naturales, tales como la ley de la gravitación… Stokes argumenta… (a favor de) un Dios que creó las cosas funcionales y bellas para el bienestar físico y psicológico de sus criaturas… Stokes se interesa especialmente en la crítica de la visión materialista de la vida que él piensa que se engendra en la selección natural darwiniana. Él también tiene un especial interés en destacar el papel que la Revelación cristiana desempeña al afirmar la limitación de los tipos de conocimiento que los científicos creen que pueden hacer. Un hombre profundamente religioso y un renombrado físico y matemático”.

Al leer su Teología Natural se hace evidente que Stokes era un cristiano practicante y muy conocedor de la Biblia.

Un párrafo de dicho libro dice[9]: “Aquí la enseñanza cristiana viene en nuestra ayuda. De hecho, representa a Dios como Aquel a quien ningún hombre ha visto ni puede ver, como morando en la luz a la cual ningún hombre puede acercarse. Pero también nos habla de Aquel [Jesucristo] en quien se unieron las naturalezas divina y humana, quien, siendo hombre, puede compadecerse de nosotros, y sernos inteligible, y quien, siendo también Dios, puede exhibirnos el carácter del Dios invisible, en la medida en que la finitud de nuestra naturaleza humana puede aceptarlo”

Here the Christian teaching comes to our aid. It does, indeed, represent God as One whom no man hath seen nor can see, as dwelling in the light which no man can approach unto. But it also tells us of One in whom the Divine and human natures were united, who, being man, can sympathise with us, and be intelligible to us, and who, being also God, can exhibit to us the character of the invisible God, in so far as the finiteness of our human nature can take it in.



[1] Ver nota en biografía de Isaac Barrow

[2] Biografía de George Gabriel Stokes, en Gifford Lectures, por Josifa Petrunic, http://www.giffordlectures.org/Author.asp?AuthorID=160

[3] Rumford Medal: ver cuadro de texto en página 179.

[4] Copley Medal: Ver cuadro de texto en la página 25.

[5] Stokes, citado por John Polkinghorne en “Science and Providence” (Ciencia y Providencia), pág. 54, Templeton Foundation Press, 2005.

[6] G. G. Stokes, Natural Theology, ediciones Adam and Charles Black, 1891.

[7] Conferencias Gifford, Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_Gifford

[9] Stokes, Natural theology, pp. 227-228.

jueves, 18 de agosto de 2022

CON RAZÓN HAY FE. La fe en Cristo no es un salto al vacío (Nota en el periódico El Puente, enero 2013)

Con razón hay fe

La fe en Cristo no es un salto al vacío

 

Por Fernando Walsh, Periódico El Puente, año XXVI, N° 330, enero 2013. P. 12.

Profesor de matemática, física y cosmografía

fernandowalsh@hotmail.com



¿Está la ciencia en contra de la fe bíblica? ¿Nuestra fe es irracional?

¿O, por el contrario, la ciencia aporta fundamentos a la fe cristiana?

 

Decía el filósofo y escritor argentino José Pablo Feinmann en la contratapa del diario Página 12 del 22 de abril de 2012: “No hay razones para creer en Dios. No hay razones para no creer en Dios. Dios es indemostrable. Todos esos ejercicios que radican en demostrar su existencia o su inexistencia son banales. En su camino hacia Dios llega un momento en que la razón, impotente, se detiene. El que quiera creer tendrá que saltar. El que no pueda saltar no creerá. El salto es la fe. Es un salto sobre un abismo, un salto sin red…La razón construye un camino seguro, sólido…

Uno de los grandes principios de la razón es la posibilidad de la verificación empírica. Dios no es verificable empíricamente. Ese es el abismo. Ahí, si aparece, se necesita la ayuda de la fe. La fe me permite saltar el abismo de la imposibilidad empírica

Sin ánimo de juzgar al excelente filósofo, docente, escritor, ensayista, guionista y conductor de radio y televisión argentino, vemos en su pensamiento un factor común de una gran parte de la sociedad de hoy día.

En los ambientes cultos este argumento suele derivar en el ateísmo (Dios no existe) o en el agnosticismo (si Dios existe es imposible conocerlo). Sus practicantes juzgan al creyente como una persona ignorante que cree cosas irracionales contra toda evidencia.

En los ambientes menos cultos el argumento suele derivar en creer cualquier cosa que parezca espiritual, fuertemente influenciado por el pensamiento mágico de la modernidad. Para los primeros el problema radica en que hacen de la razón humana un dios, supuestamente alimentada por algunas teorías científicas. Para los segundos el problema es que verdaderamente saltan a un abismo, a un precipicio sin red, quedando atrapados en sectas, filosofías engañosas o en recetas mágicas que no funcionan.

 La fe cristiana no es un salto al vacío

Por eso necesitamos entender dónde está la falacia del argumento del filósofo. La fe no es un salto al vacío; no es cierto que no haya razones para creer en Dios. La fe cristiana se afirma con la razón y se basa en hechos concretos. Toda la Escritura, la Biblia, desafía al ser humano a pensar. Pero a pensar “bien”. El problema del hombre es que usa mal la razón. Su razonamiento está entenebrecido. El pecado (palabra que se usa poco últimamente) ha ensuciado la razón.

Jesucristo continuamente desafiaba a sus oyentes (y hoy lo sigue haciendo) a meditar, a pensar, a razonar. Toda la Biblia es una continua exhortación a meditar. El problema está en pensar que la fe es creer en cualquier cosa, especialmente en cosas “locas”, irracionales.

La fe no está en contra de la razón; es más, la propia razón siempre está basada en ciertos axiomas o principios básicos que se aceptan por fe. Si dichos axiomas son erróneos, la razón llevará a conclusiones equivocadas. El hombre razona a partir de ciertas afirmaciones a las que considera verdaderas, no porque lo sean, sino porque las acepta por fe. Esto sucede también con las teorías matemáticas, físicas, biológicas, etc.

Si algo no es directamente detectable ¿no existe?

El ateísmo parte del axioma o premisa de que la única verdad es lo que puede palparse a través de los sentidos. De esa forma deduce que Dios no existe. Pero el hombre ha avanzado, por ejemplo en la ciencia, a partir de suposiciones teóricas de que algo que no se ve, existe, a partir de ciertos fenómenos que inducen a pensar que tal cosa existe.

Por ejemplo, el electrón. No se ve, no se siente; ni siquiera se sabe bien qué cosa es. Pero G. Johnstone Stoney (1826-1911) predijo su existencia a partir de ciertos fenómenos que se producían en la naturaleza, que podían explicarse a partir de su posible existencia.

Luego Joseph John Thomson (1856 – 1940), un creyente, logró confirmar su existencia, no porque lo vio, sino por las marcas que dejó cuando experimentó con los rayos catódicos; y luego Robert Millikan (1868-1953), pudo medir una de las propiedades fundamentales del electrón: su carga eléctrica, pero tampoco Millikan lo vio, ni lo tocó; sencillamente detectó la carga eléctrica a partir de medir el peso de algo que interactuaba con el electrón: gotas de aceite.

El famoso ingeniero aeroespacial que diseño las naves que llevaron al hombre a la Luna, Werner Von Braun (1912-1977) dijo: “Muchos hombres inteligentes y de buena fe dicen que no pueden visualizar a un Diseñador. Bien, ¿puede un físico visualizar un electrón? El electrón es materialmente inconcebible y, sin embargo, es tan conocido por sus efectos que lo usamos para iluminar nuestras ciudades, para dirigir los aviones a través del cielo nocturno, y para tomar las medidas más exactas. ¿Qué extraño razonamiento hace que algunos físicos aceptan la realidad de los inconcebibles electrones, mientras que a la vez rehúsan aceptar la realidad de un Diseñador porque no pueden concebir tal idea? Me temo que, aunque en realidad ellos tampoco comprenden el electrón, están dispuestos a aceptarlo porque lograron producir un torpe modelo mecánico de él empleando su experiencia limitada en otros campos, pero no sabrán cómo comenzar a construir un modelo de Dios”.

Un Autor supremo, poderoso, justo y bueno

Así que la existencia de Dios es algo que surge naturalmente cuando observamos lo que existe; igual que como en el caso del electrón, no vemos a Dios directamente, pero como dijo Robert Boyle (1627-1691), el padre de la química: "La inmensidad, la belleza, el orden de los cuerpos celestes, la excelente estructura de los animales y las plantas, y otros fenómenos de la naturaleza justamente induce a un observador inteligente, sin prejuicios a concluir en un Autor supremo, poderoso, justo y bueno"

Dios sí que es verificable empíricamente. La Biblia nos muestra infinidad de formas en que podemos ver el obrar de Dios. La Biblia nos da muchísimas pautas de qué debemos hacer para obtener respuesta de Dios.

Por ejemplo, Jesús dijo: si vosotros permanecéis en mis palabras, pedid todo lo que queráis, y os será hecho. Así que el problema no es que no podamos experimentar empíricamente a Dios; es que hay condiciones que debemos cumplir para poder experimentarlo. Así como los científicos hubieron de realizar los experimentos adecuados para evidenciar la existencia del electrón, la Biblia nos da los pasos adecuados para experimentar la realidad de Dios.

Millikan, Nobel de Física en 1923, de quien hablamos antes, dijo: Los hombres sabios desde siempre han mirado con asombro el orden maravilloso de la naturaleza y, a continuación, reconocen su propia ignorancia y finitud y se han contentado con estar en silencio y con reverencia ante el Ser que es inmanente a la naturaleza, repitiendo con el salmista: Dice el necio en su corazón, no hay Dios"





martes, 26 de septiembre de 2017

Científico creyente nº 13 - Georg Cantor

Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Matemático creyente nº 13

13.    Georg Georg Cantor (1845-1918)





Su nombre completo era Georg Ferdinand Ludwig Philipp Cantor. Matemático y filósofo alemán de origen ruso y judío. Junto a Dedekind y Frege desarrollaron la Teoría de Conjuntos. 


Se abocó al estudio de los conjuntos infinitos, descubriendo y demostrando sorprendentemente que los mismos no tienen el mismo cardinal (hay infinitos más “numerosos” que otros), pero también que el cardinal de los naturales es el mismo que el de los números pares o impares, que el de los enteros, y, paradójicamente, que el de los números racionales (dicho cardinal fue bautizado por Cantor como “aleph cero”, símbolo אo, siendo aleph la primer letra del alfabeto hebreo) en cambio el de los números reales es mayor (aleph uno, אl ).  

Los números transfinitos
El menor cardinal de conjuntos infinitos es el de los números naturales 1,2,3,…,llamado אo (aleph cero). Cantor demostró mediante la función biyectiva f(n)=2.n que se puede asociar a cada número natural su doble, que es un número par, certificando que hay tantos naturales (ℕ) como naturales pares (ℕP, que es un subconjunto propio de ℕ).
1à2
2à4
3à6
… …
Lo mismo sucede con los impares ℕI (f(n)=2.n-1), con los múltiplos de cualquier natural (p.ej. f(n)=5.n relaciona cada natural con un único múltiplo de 5; ¡hay tantos múltiplos de cinco como números naturales!). También demostró que ¡hay tantos naturales como enteros! …-2, -1, 0, 1, 2, … (ℤ).
Mediante un método muy instructivo también demostró que a cada fracción se la puede relacionar con un único número natural y viceversa, demostrando que ¡hay tantas fracciones (ℚ) como naturales! Pero esto ya no podría hacerse con el conjunto de los números reales (ℝ), demostrándolo por medio del argumento de la diagonal. Así surgió אl que tiene tantos elementos como 2 אo (dos elevado a la “aleph cero”). La hipótesis del continuo formulada por Cantor “no existe un cardinal entre אy אl” es uno de los famosos “Problemas de Hilbert” propuestos en 1900 y aún no resuelto definitivamente.



Recibió la medalla Sylvester de la Royal Society (1904). Profesor de la Universidad de Halle (Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg).



Su padre era un devoto luterano y él continuó con esa misma fe. Una carta del padre comienza: Por la gracia del Todopoderoso, el Creador de nuestro universo y el Padre de todas las criaturas vivientes, que este día sea de una influencia benigna sobre tu vida futura toda entera.



En una carta a su amigo Dedekind escribe[1]: “Dios Todopoderoso me ha permitido alcanzar las aclaraciones más notables e inesperadas en la teoría de variedades (o de conjuntos) y la teoría de números”

"hat es Gott der Allmächtige geschickt, dass ich zu den merkwürdigsten, unerwartetsten Aufschlüssen in der Mannigfaltigkeitslehre und in der Zahlenlehre gelangt"


Refutando el prejuicio histórico acerca de la imposibilidad de poder trabajar con cantidades infinitas como se hace con cantidades finitas, el elabora una nueva proposición[2]: Omnia seu finita seu infinita definita sunt et excepto Deo ab intellectu determinari possunt, que significa Todas las cosas, ya finitas ya infinitas, son definidas y, exceptuando a Dios, pueden ser determinadas por el intelecto.

Como señala el escritor matemático Marcus Du Sautoy[3]: “Su creencia en Dios fue la hipótesis fundacional a partir de la cual dedujo que el infinito debe existir”.

“His belief in God was the foundational hypothesis from which he deduced that the infinite must exist”



Y a continuación cita a Cantor[4]:

“Una prueba se basa en la noción de Dios. Primero, de la más alta perfección de Dios, inferimos la posibilidad de la creación del transfinito, entonces, de su alabanza y esplendor, inferimos la necesidad de que la creación del transfinito haya sucedido de hecho”.

En inglés: “One proof is based on the notion of God. First, from the highest perfection of God, we infer the possibility of the creation of the transfinite, then, from his allgrace and splendor, we infer the necessity that the creation of the transfinite in fact has happened”

Original en alemán: “Ein Beweis geht vom Gottesbegriff aus und schließt zunächst aus der höchsten Vollkommenheit Gottes Wesens auf die Möglichkeit der Schöpfung eines Transfinitum ordinatum, sodann aus seiner Allgüte und Herrlichkeit auf die Notwendigkeit der tatsächlich erfolgten Schöpfung eines Transfinitum”




[1] Der Briefwechsel zwischen Cantor und Dedekind (La correspondencia entre Cantor y Dedekind), Cantor an Dedekind, Halle, 05/11/1882. Editor: Oliver Deiser; ver: http://www.aleph1.info/?call=Puc&permalink=cd1, chequeado el 21/09/2017
[2] Cantor, Georg. (1883). Grundlagen einer allgemeinen Mannichfaltigkeitslehre: Ein mathematisch-philosophischer Versuch in der Lehre des Unendlichen (Fundamentos para una teoría general de conjuntos. Una investigación matemático-filosófica sobre la teoría del infinito).  Hay versión en español: José Ferreirós (Edit. y Trad.); Emilio Gómez-Caminero (Trad.) (2005). Fundamentos para una Teoría General de Conjuntos. Escritos y correspondencia selecta. Crítica. Barcelona. 
[3] Sautoy, Marcus du. (2017). The Great Unknown: Seven Journeys to the Frontiers of Science (El gran desconocido: Siete viajes a las fronteras de la ciencia). Cap. 14. Penguin Random House.
[4] Cantor, Georg; Dedekind, Richard; Zermelo, Ernst. (1932). Gesammelte Abhandlungen mathematischen und philosophischen Inhalts (Ensayos recopilados de contenido matemático y filosófico). Verlag Von Julius Springer. Berlin. Pág. 400.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Científico creyente nº 10 - Augustin Cauchy

Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Matemático creyente nº 10


10.   Augustin Louis Cauchy (1789-1857)

Matemático y físico francés, considerado como uno de los matemáticos más importantes del siglo XIX. Miembro de la Academia de Ciencias de Francia y profesor en la escuela Politécnica.

Los aportes fundamentales de Cauchy se centran principalmente en el análisis matemático, con el estudio de funciones de variable compleja, la convergencia de sucesiones (sucesiones de Cauchy) y series, la teoría de grupos (que estudia las estructuras algebraicas llamadas “grupos”; por ejemplo, enunció lo que se llama el teorema de Cauchy de grupos), etc. Les dio precisión a los conceptos de función, límite y continuidad. Varios teoremas llevan su nombre, como el teorema integral de Cauchy y el teorema del valor medio de Cauchy. Pero también trabajó en teoría de errores; en geometría, por ejemplo, en el estudio de los poliedros; y en física, en el estudio de la teoría de luz, la teoría de la elasticidad (relacionando la tensión mecánica con las integrales; por ejemplo, con los postulados de Cauchy, etc.).

Escribió cerca de 800 obras científicas. Sus Oeuvres complètes d'Augustin Cauchy (obras completas) contiene varios volúmenes y es una producción que supera a casi todos los científicos de la historia.

Uno de sus libros de cabecera era “La Imitación de Cristo”, de Thomas
Kempis (uno de los más conocidos libros de devoción cristiana). Thomas de Kempis (1380-1471) fue un sacerdote que trabajó ardientemente para recuperar el fervor de los primeros cristianos.

                Cauchy fue un cristiano de profundas convicciones cristianas. Él escribió en un libro sobre religión[1]:

«Yo soy cristiano, es decir, creo en la divinidad de Jesucristo, al igual que Tycho Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Guldin, Boscovich, Gerdil, al igual que todos los grandes astrónomos, todos los grandes físicos, todos los grandes geómetras de los siglos pasados»                                      
Augustin Cauchy
Original en francés: Je suis chrétien, c'est à dire que je crois à la divinité de Jésus-Christ, avec Tycho-Brahé, Copernic, Descartes, Newton, Fermat, Leibnitz, Pascal, Grimaldi, Euler, Guldin, Boscovich, Gerdil, avec tous les grands astronomes, tous les grands physiciens, tous les grands géomètres, des siècles passes.

Y a continuación afirmó: Mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de nacimiento, sino de un examen minucioso.
Mes convictions sont le résultat, non de préjugeé de naissance, mais d'un examen approfondi

En dicho libro escribe[2]:
“La perfección evangélica, ejercida y practicada por hombres que, para agradar a Dios, se dedican a servir a sus hermanos, es la necesidad más apremiante de nuestro siglo”
La perfection évangélique, exercée et pratiquée par des hommes qui, dans la vue de plaire à Dieu, se dévouent à servir leurs fréres, est le besoin le plus pressant de notre siécle.

Y “Dios ... es la fuente infinita de toda ciencia, de toda luz”[3]
Dieu ... est la source infinie de toute science, de toute lumiére




[1] Cauchy, Augustin Louis Baron. (1844). Considérations sur les ordres religieux, aux amis des sciences (Consideraciones sobre las órdenes religiosas, a los amigos de la ciencia). Librería de Poussielgue-Rusand, París. Pág. 5.
[2] Ibídem, págs. 25 y 26
[3] Ibídem, pág. 42

martes, 5 de septiembre de 2017

Científico creyente 9 - Gauss

Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Matemático creyente nº 9

9.       Carl Friedrich Gauss (Gauß en alemán) (1777-1855)


Matemático, físico y astrónomo alemán. Nació en el seno de una familia humilde. Llamado “el príncipe de las matemáticas” (ya en vida), fue un niño prodigio, Trabajó todas las ramas conocidas en su época y a todas aportó algo.

Cuando el famoso viajero y aficionado a las ciencias barón Alexander von Humboldt preguntó a Pierre Simón, conde de Laplace (astrónomo, físico y matemático francés) quién era el más grande matemático de Alemania, Laplace replicó “Plaff” (refiriéndose a un importante matemático, Johann Friedrich Plaff). "Y entonces Gauss, ¿qué?", preguntó el asombrado von Humboldt. "Oh,” - dijo Laplace-, “Gauss es el mayor matemático del mundo"[1]

El biógrafo de Gauss, el historiador y erudito Matemático Guy Waldo Dunnington (quien también fue un traductor de los juicios de Nuremberg) afirma: “La idea inquebrantable de la continuidad personal después de la muerte, la firme creencia en un último regulador de las cosas, en un eterno, justo, omnisciente, omnipotente Dios, formó la base de su vida religiosa[2]. Otro biógrafo y estrecho colaborador durante su vida, fue Von Waltershausen, quien escribió: “Gauss fue profundamente religioso y conservador; la búsqueda de la verdad y el sentimiento de justicia son la base de sus opiniones religiosas. Así concibió la vida espiritual a través del universo como un estado de justicia, penetrada por la verdad eterna. Tenía confianza de que nuestro curso de la vida no se termina con la muerte"[3]

Se conoce de él la frase[4]:
«Cuando suene nuestra última hora, será nuestra inefable gran alegría ver a Quien en todo nuestro quehacer sólo podíamos imaginar»   
Carl Friedrich Gauss
Wenn unsere letzte Stunde schlägt, wird es unsere unsagbar große Freude sein, den zu sehen, den wir in unserem Schaffen nur ahnen konnten. Gauss.

Y, acerca de los límites de la ciencia, afirmó[5]: “Hay problemas cuyas soluciones yo pondría en un valor infinitamente más alto que el de las matemáticas, por ejemplo tocantes a la ética, o a nuestra relación con Dios, o con respecto a nuestro destino y nuestro futuro; pero su solución está totalmente fuera de nosotros y completamente fuera del área de la ciencia”
There are problems to whose solution I would attach an infinitely greater importance than to those of mathematics, for example touching ethics, or our relation to God, or concerning our destiny and our future; but their solution lies wholly beyond us and completely outside the province of science. Gauss.





[1] Eric Temple Bell, “The World of Mathematics”, editado por James Newman, 2000, Vol.1, pág. 316.
[2] Dunnington y otros, “Carl Friedrich Gauss: Titan of Science” (Titán de la ciencia), ediciones MAA, 2004, pág. 301.
[3] Waltershausen, citado en New World Encyclopedia: http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Carl_Friedrich_Gauss (en inglés)
[4] Suchon, Martina, Der Sinn des Lebens (El sentido de la vida), BoD – Books on Demand, Norderstedt, Alemania, 2009, pág. 38.
[5] Newman, James R.; The World Of Mathematics, Volumen 1, Parte II, cap. 11, The Prince of mathematician escrito por Eric Temple Bell, pág. 31, editado por George Allen & Unwin, Londres, 1956.