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."Un espacio de reflexión acerca de la interacción entre la ciencia y la fe cristiana"
jueves, 18 de abril de 2019
El Señor de los dos libros en Amazon
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sábado, 1 de diciembre de 2018
"Frases de Científicos Creyentes"
“Yo no he hecho más que buscar las leyes de Dios en el libro de la Naturaleza” (1)
Con más de 300 frases, poemas, cartas, etc. de 126 de los más grandes científicos de todas las épocas, desde el siglo XV a la fecha.
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Junto con El Señor de los dos libros, se pueden conseguir consultando en fernandowalsh@hotmail.com
domingo, 23 de septiembre de 2018
Científico Creyente nº 22 – Robert Boyle
Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12
de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré
publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.
Físico nº 2 (científico nº 22)
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2. Robert Boyle (1627-1691).
Físico y químico irlandés, famoso por la
ley que lleva su nombre, la "Ley de Boyle" (acerca de
la relación de proporcionalidad inversa entre la presión y el volumen de los
gases ideales cuando se los mantiene a temperatura constante) ha recibido
también el nombre de "el padre de la química."
Boyle escribió muchísimas y reconocidas obras de
ciencia, pero también varios libros cristianos: El Virtuoso cristiano, Ensayo
sobre la santa Escritura, Disertación sobre los milagros, Discurso contra la
costumbre de las blasfemias, Ensayo sobre la falsa modestia, El cristiano
naturalista, Consideraciones para conciliar la razón y la religión, etc. En una
interesante biografía[1] se dice de él: Los sabios más famosos de su tiempo le
dedicaban sus obras y tenían a sumo honor el ayudarle en sus tareas.
Según manifiesta Boyle, en su libro The Christian Virtuoso (El virtuoso cristiano): “La razón abstracta es reducida y
decepcionante, y no alcanza sino una pequeña porción de las cosas conocibles,
tanto humanas como divinas, que pueden obtenerse con la ayuda de ulterior
experiencia y de la Revelación sobrenatural. No hay conflicto entre la recta
razón y la revelación, ya que las verdades filosóficas tienen el mismo origen
que las verdades reveladas…Ambas, las verdades filosóficas y reveladas proceden
igualmente (aunque no tan directamente) del mismo Padre de la Luz: así como
recibimos del Sol no sólo aquellos Rayos Inmediatos que llegan en línea recta
hasta nosotros en un día claro, sino también aquella que en una noche de luna
llena se refleja hacia la Tierra”[2].
Boyle leía la Biblia cada día a través de su vida y como narra el Dr. Woodall[3]: “su tesis era que el estudio de la ciencia haría que los cristianos
glorificaran más a Dios, ayudaría en la comprensión de la Escritura, y
produjera una apología del cristianismo” y que “Aunque la Biblia no es un libro de texto científico, de vez en cuando
se dirige a temas científicos. Como un telescopio, esta información extiende el
conocimiento del hombre acerca del mundo que le rodea y no contradice los
conocimientos adquiridos en el laboratorio.
Cuando se desata un conflicto entre la ciencia y la Biblia, Boyle
explicó ello ya sea como un error en la ciencia o una interpretación incorrecta
de las Sagradas Escrituras”. Dio grandes sumas de dinero a las empresas
misioneras, y financió una nueva traducción irlandesa de la Biblia. Miles de
copias fueron distribuidas a cargo de su bolsillo.
En
su libro “The Christian
Virtuoso”, Boyle afirmaba: “Que
la consideración de la vastedad, la belleza y los movimientos regulares de los
cuerpos celestes, la excelente estructura de los animales y las plantas, además
de una multitud de otros fenómenos de la naturaleza, y la subordinación de la
mayoría de estos al hombre, pueden justamente inducirlo, como una criatura
racional, a concluir que este vasto, hermoso, ordenado y admirable sistema de
cosas, que llamamos el mundo, fue enmarcado por un autor supremamente poderoso,
sabio y bueno, no puede ser negado por una persona inteligente y sin
prejuicios”[4]
También escribió[5]: «... la misma existencia de Cristo en el mundo, su pasión, su muerte,
su resurrección y ascensión, y todas esas maravillosas obras que él hizo
durante su estancia en la tierra, son a fin de confirmar a la humanidad la
creencia de que Él es Dios y hombre»
Otra vez
escribió[6]: “Y recurro a la Escritura, no como a un arsenal de
armas para defender a un partido o derrotar a sus enemigos, sino a un hermoso
templo, donde me deleito en recorrer y contemplar la elegancia, la simetría y
la magnificencia de la estructura; Para cultivar una reverencia terrible, y
para entregar mi devoción a ese Ser, que se anuncia allí, y cuyos adorables
atributos allí se muestran”
[1] Biografía de Robert Boyle en: El museo de familias, ó Revista
Universal, Tomo IV, impreso por Antonio Bergnes de las Casas, Barcelona,
1840, págs. 162-164, , disponible en: http://books.google.com.ar/books?id=jTIeAQAAIAAJ&pg=PA164&dq#v=onepage&q&f=false
[2] Extraído del artículo El relojero ajetreado: Dios y el mundo
natural en el pensamiento de Boyle, Antonio Clericuzio,
Universidad de Cassino, Italia, disponible en Internet en: http://www.gobcan.es/educacion/3/usrn/fundoro/archivos%20adjuntos/publicaciones/Libro%20Ciencia%20y%20Religion/03_AntonioClericuzio.pdf
[3] Woodall, David, The Relationship between Science and
Scripturein the Thought of Robert Boyle (La relación entre la Ciencia y la Escritura
en el pensamiento de Robert Boyle), revista American Scientific Affiliation,
vol. 49, n° 1, pág. 32, año 1997.
[4] Boyle, Robert (1690) “The Christian virtuoso” (El cristiano virtuoso); ver, por
ejemplo: The Philosophical Works of the
Honourable Robert Boyle. (1738). Editores: W. Innys y R. Manby, West-End of
St. Paul's; y T. Longman, in Pater-Noster-Row. Cita en pág. 239: «That the consideration vastness, beauty,
and regular motions of the heavenly bodies, the excellent structure of animals
and plants, besides a multitude of other phenomena of nature, and the
subserviency of most of these to man, may justly induce him, as a rational
creature, to conclude, this vast, beautiful, orderly, and admirable system of
things, which we call the world, was framed by an author supremely powerful,
wise, and good, can scarce be deny'd by an intelligent and unprejudiced
person». Disponible en:
https://archive.org/details/philosophicalwo01boylgoog.
[5] More, Louis Trenchard
(1944). The life and works of the
Honourable Robert Boyle (Vida y obras del honorable Robert Boyle). Oxford
University Press. Pág. 171: «... the very
existency of Christ in the world, his passion, his death, his resurrection and
ascension, and all those wonderful works he did during his stay upon earth, in
order to confirm mankind in the belief of his being God as well as man»
[6] Boyle, Robert (1664) “Some
considerations on the style of the Holy Scriptures”, Londres. Versión del texto: Págs.
87-88 de la edición de 1825 impresa por Edwards y Savage, Cork, Irlanda: «And I resort to Scripture, not as to an arsenal for
arms to defend a party or to defeat its enemies, but as to a beautiful temple,
where I delight to range, and contemplate the elegance, the symmetry, and the
magnificence of the structure; to cultivate an awful reverence, and to indulge
my devotion to that Being, who is there announced, and whose adorable
attributes are there displayed».
martes, 11 de septiembre de 2018
jueves, 6 de septiembre de 2018
Científico Creyente nº 21- Blas Pascal
Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.
Luego de los matemáticos, sigo con los físicos, aunque la mayoría también fueron matemáticos:
Físico creyente nº 1 (científico nº 21)
1. Blaise
Pascal (o también Blas)
(1623-1662)
Un verdadero sabio. Fue un
matemático, físico, filósofo y teólogo francés. Uno de mis favoritos. Él fue un
hombre de fe toda su corta pero fructífera vida (39 años y 2 meses); pero luego
de un accidente del cual salió milagrosamente salvo y una posterior visión una
semana después, sus convicciones cristianas fueron multiplicadas. Se lo
considera uno de los padres de la computación; precursor de la calculadora con
su pascalina (en 1645, que funcionaba a base de ruedas y engranajes), hizo
grandes aportes a la matemática, como perfeccionar el “método de inducción
completa” para demostrar propiedades de los números naturales, descubrir el
“teorema de Pascal” en geometría proyectiva, desarrollar la teoría de la
probabilidad y la estadística, etc. Inventó la prensa hidráulica y la jeringa,
aportó principios fundamentales al estudio de los fluidos, etc. ¡Todo antes de
cumplir los veinticuatro años!
Se le ha dado su nombre a
la unidad de medida de la presión en el Sistema Internacional de Unidades, el
pascal (escuchamos en las noticias cuántos “hectopascales” hay de presión
atmosférica, hecto=cien), al “Principio de Pascal” (sobre cómo se transmite
la presión en los fluidos), al “triángulo de Pascal” (un conjunto de números
naturales ordenados en forma triangular bajo determinadas reglas y que aporta aplicaciones
algebraicas), un lenguaje de programación (de alto nivel y con un gran número de aplicaciones para enseñar la
programación con un método disciplinado y sistemático) y a la “apuesta de
Pascal”.
Ésta
última, expresada en el Artículo II de sus Pensamientos, titulado “De cómo es
más ventajoso creer lo que enseña la religión cristiana”, se la plantea en
términos de probabilidades y de principios lógicos y la resumo así: con
respecto a la existencia hay dos posibilidades: o Dios existe o no existe. Con
respecto a la creencia también: o creemos en Dios, o no lo hacemos. Tenemos
cuatro combinaciones:
ü Si Dios no existe, y
apostamos a creer que sí existe, entonces (si no hay vida después de ésta o
recompensa eterna) no perdemos nada.
ü Si Dios no existe, y apostamos
a creer que no existe, entonces, aunque “ganemos” la apuesta, al final de la
vida no ganamos nada porque ni nos enteramos.
ü Si Dios existe y nosotros
apostamos (por incredulidad) a que no existe, entonces lo perdemos todo y
viviremos una eternidad separados de Dios.
ü Si Dios existe, y
apostamos a que así es, estamos ganando la vida eterna y la felicidad.
Por supuesto, Pascal tenía la convicción absoluta que da Dios de
que Él existe (Fe es, según la Biblia: “certeza de lo que se espera, convicción
de que algo que Dios promete se cumplirá”); planteaba esta apuesta para hacer
pensar a los que no creían.
En “Vida de Pascal”[1], una biografía escrita
por su hermana Gilberte Pascal, nos enteramos que Pascal perdió a su madre a la
edad de tres años y que su padre, al reconocer la inteligencia precoz de su
hijo, se ocupó personalmente de su educación, de tal forma que Blaise nunca fue
a ningún colegio ni tuvo otro maestro. Durante sus primeros doce años su padre
no quiso enseñarle matemáticas para que se ocupe de estudiar las letras, así
que el joven Pascal, intrigado preguntó qué era aquella ciencia que su padre
había prometido enseñarle luego de completar sus estudios de latín y griego, a
lo que el padre le dijo que era un medio para construir figuras exactas y para
encontrar las proporciones que tenían entre sí, prohibiéndole hablar y pensar
de ella hasta su debido tiempo. Sin embargo, en sus horas de recreo comenzó a
dibujar con carbón sobre el piso figuras que él imaginó y nombró, ya que no
conocía nada al respecto. Pronto elaboró definiciones, axiomas y
demostraciones. Grande fue la sorpresa de su padre cuando un día lo descubre
enfrascado en lo que es la trigésimo segunda proposición del primer libro de
Euclides, cosa que por supuesto Blaise no conocía de antemano. Esto motivo al
padre a entregarle el libro “Elementos de Euclides”, el cual lo leyó y entendió
sin necesidad de ninguna explicación. Cuatro años más tarde escribió un Tratado
de las Cónicas, una obra que maravilló a los sabios de la época.
En dicha biografía
Gilberte Pascal cuenta que la
salud de su hermano fue muy precaria desde los dieciocho años hasta su muerte y
que a partir de los veinticuatro años ya no trabajó más en la “ciencia del
hombre”, para dedicarse por el resto de sus días a Dios; lo dice así: “…cuando
aún no contaba veinticuatro años, creó la providencia divina una ocasión para
que se viera obligado a leer textos piadosos, y mediante aquella lectura Dios
le esclareció de tal manera que él comprendió perfectamente que la religión
cristiana nos compromete a no vivir sino para Dios y a no tener más meta que la
suya; y tan evidente, necesaria y útil le pareció esta verdad, que puso término
a todas sus investigaciones, de manera que desde entonces renunció a los demás
conocimientos, para dedicarse únicamente a lo único que Jesucristo considera
necesario”. A partir de los treinta años “Empleaba todo su tiempo en la oración
y en la lectura de la Sagrada Escritura, que le proporcionaba un placer
increíble”, afirma Gilberte, añadiendo que “se había entregado a ella tan intensamente
que se la conocía de memoria”. Desde los treinta y cinco años en adelante ya no
pudo seguir trabajando debido a la profundización de su enfermedad.
Veinticuatro horas antes de morir, ya moribundo, tomó la comunión, recibió la
extremaunción y dijo sus últimas palabras, ¡Que
Dios no me abandone nunca!
Entre
muchas otras cosas referidas a la fe, Pascal dijo en
“Pensamientos”, en el Artículo IX llamado “De Jesucristo”[2]:
«Jesucristo es un Dios a quien uno se acerca
sin orgullo, y bajo el cual uno se humilla sin desesperación»
En el mismo Artículo dice:
“Los dos testamentos
se refieren a Jesucristo, el antiguo como en espera, el Nuevo como en modelo,
los dos como su centro”
Su obra principal, Pensamientos, aunque
inconclusa, es considerada uno de los grandes monumentos de la literatura
francesa. En ella hace una profunda apología o defensa de la fe cristiana.
Por último, un párrafo de sus
Pensamientos que derriba el deísmo (Dios existe y creó el universo físico, pero
no interfiere con él) y el ateísmo (Dios no existe):
“El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria provoca a orgullo. El
conocimiento de nuestra miseria sin el de Jesucristo provoca a la
desesperación. Pero el conocimiento de Jesucristo nos salva del orgullo y de la
desesperación, porque en él encontramos a la vez a Dios, a nuestra miseria, y
el camino de repararla.
Nosotros
podemos conocer a Dios sin conocer nuestras miserias, y nuestras miserias sin
conocer a Dios; y hasta conocer a Dios y nuestras miserias, sin conocer el
medio de salvarnos de las miserias que nos abruman. Pero no podemos conocer a
Jesucristo sin conocer a la vez a Dios y a nuestras miserias, y el remedio de
nuestras miserias, porque Jesucristo no es sólo Dios, sino el Dios reparador de
nuestras miserias.
Así
todos los que buscan a Dios fuera de Jesucristo y que se detienen en la
Naturaleza, o no encuentran ninguna luz que les satisfaga, o bien llegan a
formarse un medio de conocer a Dios, y de servirle, sin mediador, con lo cual
caen en el deísmo o en el ateísmo, que son dos cosas que la religión cristiana
aborrece casi igualmente.
Debe,
pues, tenderse únicamente a conocer a Jesucristo, puesto que él solo puede
permitirnos conocer a Dios de una manera que nos sea útil.
Es él el
verdadero Dios de los hombres, es decir, de los miserables y pecadores. Él es
el centro y el objeto de todo; y quien no le conoce, no conoce nada en el orden
del mundo, ni en sí mismo. Porque, no solamente no conocemos a Dios sino a
través de Jesucristo, pero tampoco nos conocemos a nosotros mismos sino a
través de Jesucristo.
Sin
Jesucristo el hombre está necesariamente en el vicio y en la miseria; con
Jesucristo, el hombre está exento de vicio y miseria. En él residen todas
nuestras virtudes y toda nuestra felicidad. Fuera de él no hay más que vicio,
miseria, tinieblas, desesperación, y no vemos más que oscuridad y confusión, en
la naturaleza de Dios y en nuestra propia naturaleza”[3]
No podemos finalizar con Pascal sin
hablar del “Memorial”. El lunes 23 de noviembre de 1654, cuando Pascal tenía
treinta y un años tuvo una experiencia que sólo se conoció después de su muerte
al hallársele un fragmento de papel cocido dentro de su chaqueta cuidadosamente
escrito. Se cuenta que tuvo un accidente del que salió ileso milagrosamente y
dos semanas más tarde tuvo una visión de dos horas; al terminar escribió el
Memorial que decía aproximadamente:
Año
de gracia de 1654, lunes, 23 de noviembre…; desde alrededor de las diez y media
de la noche hasta las doce y media.
FUEGO. El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el
Dios de Jacob, no el dios de los sabios y filósofos. Certeza, certeza.
Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo. Mi Dios y su Dios. Su Dios será
mi Dios. Olvido del mundo y de todo, excepto de Dios. Él sólo es encontrado por
los caminos enseñados en el Evangelio. Esplendor del alma humana. Padre justo a
quien el mundo no ha conocido, pero yo sí que te he conocido. Alegría, alegría,
alegría, lágrimas de alegría. … Dios mío, ¿me abandonarás? Que no me aparte de
Él jamás. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Jesucristo. Jesucristo. Yo me he separado de Él; he huido de Él; le he
negado y crucificado. Que no me aparte de Él jamás. Él está únicamente en los
caminos que se nos enseñan en el Evangelio: abnegación interior; renuncia
total, completa… Una alegría eterna en comparación de un día de sufrimiento en
la tierra. No olvido tus palabras. Amén»[4]
[1] Véase “Vida de Pascal”, por
Gilberte Pascal, págs. 29-70, incluída en “Blaise Pascal, Pensamientos”,
Editorial Losada S. A., 2003.
[2] Pascal, Blaise, Pensamientos, Traducción de D’Ors,
Eugenio, Artículo IX, punto IV, pág. 147, Editorial Losada S. A., Buenos Aires,
2003.
[3] Ídem anterior, Artículo XIV, punto VII, pág. 183-184.
También disponible en internet del libro Pensamientos de Pascal sobre la religión,
págs. 136-137, traducido al español por Don Andrés Boggiero, Oficial del
Regimiento de Infantería de la Princesa, Edición Viuda de Blas Miedes,
Zaragoza, 1790, p. 319. Ver:
[4] Véase, por ejemplo (cita en
francés, artículo en inglés): Calin Mihailescu, Corpus Epochalis. Mysticism, Body, History, http://www.pum.umontreal.ca/revues/surfaces/vol1/mihaile.html
consultado el 29/06/2016 o citado en español por Gerhard Lohfink en el capítulo
“La muerte no es la última palabra” ,
págs. 11-54, del libro “Pascua y el
hombre nuevo” de G. Lohfink, A.
Vögtle, R. Schnackenburg, W. Pannenberg,
Colección Alcance, N° 29, Editorial Sal Terrae, España, 1983; véase: http://mercaba.org/FICHAS/ESCATO/la_muerte_no_es_la_ultima_palabr.htm
consultado el 29/06/2016.
viernes, 20 de abril de 2018
Científico creyente nº 20 – Laurent Lafforgue
Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12
de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré
publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.
Matemático creyente nº 20
20. Laurent Lafforgue (n. 1966)
Un matemático francés que recibiera en 2002, a los 35 años de edad, la medalla Fields (Medalla Internacional para Descubrimientos Sobresalientes en Matemáticas). La Medalla Fields la recibió por su trabajo, presentado el 24 de mayo de 2000 en París, con el cual resolvió una de las conjeturas de Langlands acerca de una rama de la teoría de números[1]. El programa Langlands conecta diferentes teorías matemáticas a priori muy remotas. Lafforgue ya había recibido en el 2000 el premio Clay Research Award (del Clay Mathematics Institute) por esa misma temática. Es profesor permanente del Institut des Hautes Études Scientifiques (I.H.É.S.; Instituto de Estudios Científicos Avanzados) y director de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS; Centro Nacional de Investigaciones Científicas), uno de los cinco centros de investigaciones más importantes del mundo.
La Medalla Field (Field Medal) es un premio otorgado desde 1936 cada 4 años (salvo por la interrupción durante la guerra mundial) por la Unión Matemática Internacional (IMU) a entre 2 a 4 matemáticos menores de 40 años, fundada por el matemático canadiense John Charles Fields. Se lo considera como el Nobel de Matemática (ya que no existe en esta disciplina). Ver página oficial, International Mathematical Union (IMU); Fields Medal Details: http://www.mathunion.org/general/prizes/fields/details/
Lafforgue no solo expresa su fe en Jesucristo, él
argumenta que la fe cristiana y la ciencia van imperiosamente de la mano. Él
dijo[2] al recibir la medalla Fields: “Mi relación con Dios es poco emocional; la razón desempeña un papel muy
importante. Busco lo más profundo, lo más importante. La fe tiende a la verdad
y la ciencia también. No se puede investigar sin creer en la existencia de la
verdad... En matemáticas, nunca hay que perder de vista los problemas
centrales; lo mismo sucede en cuanto a la fe: siempre tuve el profundo
sentimiento de que existe lo más esencial de todo: Cristo”, luego remató: “Amo
a Cristo, amo a la persona de Cristo”.
Ma relation à Dieu est peu émotionnelle, la raison y
joue un grand rôle. Je recherche ce qui est le plus profond, le plus important.
La foi tend à la vérité. La science aussi. On ne peut faire de la recherche
sans croire à l'existence de la vérité...En mathématiques, il ne faut jamais
perdre de vue les problèmes centraux; pour la foi, c'est pareil: j'ai toujours
eu le sentiment profond qu'il y a ce qui est le plus essentiel de tout: le
Christ. Et je crois pouvoir dire: J'aime le Christ. J'aime la personne du Christ.
Lafforgeue.
En una conferencia universitaria en Notre Dame[3] realiza una
profunda fundamentación de que la revelación judeo-cristiana es la base de la
vitalidad de la educación a partir del origen y desarrollo de la Universidad;
allí dice entre otras cosas: “Debido a
que todas las cosas son creadas por Dios, todas merecen ser estudiadas. Debido
a que todas las cosas fueron creadas por Dios, están todas relacionadas con lo
absoluto”.
Parce que toutes choses sont créées par Dieu, toutes méritent d'être étudiées.
Parce que toutes choses sont créées par le Dieu unique, toutes sont en relation avec
l'absolu.
Desde el 2004 se interesa y participa críticamente
en el devaluado sistema educativo francés; invitado a principios de noviembre
de 2005 a formar parte del Alto Consejo para la Educación por voluntad expresa
del entonces Presidente Jacques Chirac, después de pocos días renunció por sus
posiciones poco conciliadoras, pues había dicho que el principal responsable de
la destrucción de la escuela francesa (laica y republicana, se entiende) era el
Estado mismo. En un escrito llamado Le
Christ est la vérité, fondement d’un enseignement catholique[4] (Cristo es la verdad, el fundamento de la
educación católica) Lafforgue dice que la crisis educativa consiste en cinco
pérdidas: en la transmisión de la vida, en la transmisión de la fe, en la
transmisión de la racionalidad, en la transmisión de la cultura y en la
transferencia de conocimientos. En ese texto exhorta, especialmente a los
colegios confesionales cristianos a volver a las Escrituras, a poner a
Jesucristo en primer lugar, a buscar la sabiduría en la lectura de los
Proverbios, Eclesiastés, etc.
En uno de sus escritos dice[5]: “Las
personas que me conocen saben que este compromiso mío tiene algo de paradójico
pues, por encima de mi condición de matemático, de mi interés apasionado por la
literatura y de mi amor por Francia y por su lengua, yo pongo la fe en
Jesucristo y mi fidelidad confiada a la Iglesia católica, a través de la cual
he recibido esta fe: cosas que con frecuencia me sitúan en una posición crítica
con respecto a la Francia republicana y laica y, aún más, con respecto a una
sociedad secularizada en la que me siento extranjero. Y, a pesar de esto,
defiendo la escuela republicana...”.
En el año 2007 escribió el libro La débâcle de
l'école: Une tragédie incomprise[6] (La debacle de la escuela: una tragedia no
comprendida).
[1] Véase Laurent
Lafforgue, lauréat 2002 de la médaille Fields, nota de Adélaïde Robert para el Centre National de la Recherche
Scientifique, CNRS Le Journal, Nov/Dic 2012: http://www2.cnrs.fr/journal/970.htm
[2] Citado en: La foi pour les petits et les
grands (La fe es para pequeños y
grandes), devocional de La Bonne Semence, (La Buena Semilla), 7 de agosto de
2012, © Editorial La Buena Semilla, 1166 Perroy
(Suiza), en francés: http://www.bpcbs.com/cal/2008/20080807.html.
[3] Lafforgue, Laurent, Conferencia Universitaria
en Notre Dame: La recherche fondamentale atelle un sens?
Quelques remarques d'un mathématicien catholique. En: http://www.ihes.fr/~lafforgue/textes/ConferenceUniversiteNotreDame.pdf
En inglés,
traducción de Hélène Wilkinson:
Does Basic Research Have Meaning? A Few Remarks by a Catholic Mathematician
(¿La investigación básica tiene un significado? Unas Pocas Observaciones por un
Matemático Católico)
disponible en: http://www.ihes.fr/~lafforgue/textes/ConferenceLafforgueNotreDameTraduction.pdf
[4] Lafforgue en Poissy, session annuelle de l’ADDEC, 19/11/2009 transcripta por
Louis Charles en Le temps d'y penser, © 2013
Le temps d'y penser, el
31/01/2012, disponible en:
ayudar a los jóvenes a entrar en su propia humanidad de la Revista Huellas, © Asociación Cultural Huellas, revista
internacional de Comunión y Liberación, disponible en línea:
[6] Laurent Lafforgue, Liliane Lurçat; La débâcle
de l'école: Une tragédie incomprise, Edición: François-Xavier de Guibert -
OEIL, 2007 - 248 pág. ISBN 9782755401929
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