jueves, 6 de septiembre de 2018

Científico Creyente nº 21- Blas Pascal

Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Luego de los matemáticos, sigo con los físicos, aunque la mayoría también fueron matemáticos:


Físico creyente nº 1 (científico nº 21)



1.      Blaise Pascal (o también Blas) (1623-1662)

Un verdadero sabio. Fue un matemático, físico, filósofo y teólogo francés. Uno de mis favoritos. Él fue un hombre de fe toda su corta pero fructífera vida (39 años y 2 meses); pero luego de un accidente del cual salió milagrosamente salvo y una posterior visión una semana después, sus convicciones cristianas fueron multiplicadas. Se lo considera uno de los padres de la computación; precursor de la calculadora con su pascalina (en 1645, que funcionaba a base de ruedas y engranajes), hizo grandes aportes a la matemática, como perfeccionar el “método de inducción completa” para demostrar propiedades de los números naturales, descubrir el “teorema de Pascal” en geometría proyectiva, desarrollar la teoría de la probabilidad y la estadística, etc. Inventó la prensa hidráulica y la jeringa, aportó principios fundamentales al estudio de los fluidos, etc. ¡Todo antes de cumplir los veinticuatro años!

Se le ha dado su nombre a la unidad de medida de la presión en el Sistema Internacional de Unidades, el pascal (escuchamos en las noticias cuántos “hectopascales” hay de presión atmosférica, hecto=cien), al “Principio de Pascal” (sobre cómo se transmite la presión en los fluidos), al “triángulo de Pascal” (un conjunto de números naturales ordenados en forma triangular bajo determinadas reglas y que aporta aplicaciones algebraicas), un lenguaje de programación (de alto nivel y con un gran número de aplicaciones para enseñar la programación con un método disciplinado y sistemático) y a la “apuesta de Pascal”.

Ésta última, expresada en el Artículo II de sus Pensamientos, titulado “De cómo es más ventajoso creer lo que enseña la religión cristiana”, se la plantea en términos de probabilidades y de principios lógicos y la resumo así: con respecto a la existencia hay dos posibilidades: o Dios existe o no existe. Con respecto a la creencia también: o creemos en Dios, o no lo hacemos. Tenemos cuatro combinaciones:

ü  Si Dios no existe, y apostamos a creer que sí existe, entonces (si no hay vida después de ésta o recompensa eterna) no perdemos nada.
ü  Si Dios no existe, y apostamos a creer que no existe, entonces, aunque “ganemos” la apuesta, al final de la vida no ganamos nada porque ni nos enteramos.
ü  Si Dios existe y nosotros apostamos (por incredulidad) a que no existe, entonces lo perdemos todo y viviremos una eternidad separados de Dios.
ü  Si Dios existe, y apostamos a que así es, estamos ganando la vida eterna y la felicidad.

Por supuesto, Pascal tenía la convicción absoluta que da Dios de que Él existe (Fe es, según la Biblia: “certeza de lo que se espera, convicción de que algo que Dios promete se cumplirá”); planteaba esta apuesta para hacer pensar a los que no creían.

En “Vida de Pascal”[1], una biografía escrita por su hermana Gilberte Pascal, nos enteramos que Pascal perdió a su madre a la edad de tres años y que su padre, al reconocer la inteligencia precoz de su hijo, se ocupó personalmente de su educación, de tal forma que Blaise nunca fue a ningún colegio ni tuvo otro maestro. Durante sus primeros doce años su padre no quiso enseñarle matemáticas para que se ocupe de estudiar las letras, así que el joven Pascal, intrigado preguntó qué era aquella ciencia que su padre había prometido enseñarle luego de completar sus estudios de latín y griego, a lo que el padre le dijo que era un medio para construir figuras exactas y para encontrar las proporciones que tenían entre sí, prohibiéndole hablar y pensar de ella hasta su debido tiempo. Sin embargo, en sus horas de recreo comenzó a dibujar con carbón sobre el piso figuras que él imaginó y nombró, ya que no conocía nada al respecto. Pronto elaboró definiciones, axiomas y demostraciones. Grande fue la sorpresa de su padre cuando un día lo descubre enfrascado en lo que es la trigésimo segunda proposición del primer libro de Euclides, cosa que por supuesto Blaise no conocía de antemano. Esto motivo al padre a entregarle el libro “Elementos de Euclides”, el cual lo leyó y entendió sin necesidad de ninguna explicación. Cuatro años más tarde escribió un Tratado de las Cónicas, una obra que maravilló a los sabios de la época.

En dicha biografía Gilberte Pascal cuenta que la salud de su hermano fue muy precaria desde los dieciocho años hasta su muerte y que a partir de los veinticuatro años ya no trabajó más en la “ciencia del hombre”, para dedicarse por el resto de sus días a Dios; lo dice así: “…cuando aún no contaba veinticuatro años, creó la providencia divina una ocasión para que se viera obligado a leer textos piadosos, y mediante aquella lectura Dios le esclareció de tal manera que él comprendió perfectamente que la religión cristiana nos compromete a no vivir sino para Dios y a no tener más meta que la suya; y tan evidente, necesaria y útil le pareció esta verdad, que puso término a todas sus investigaciones, de manera que desde entonces renunció a los demás conocimientos, para dedicarse únicamente a lo único que Jesucristo considera necesario”. A partir de los treinta años “Empleaba todo su tiempo en la oración y en la lectura de la Sagrada Escritura, que le proporcionaba un placer increíble”, afirma Gilberte, añadiendo que “se había entregado a ella tan intensamente que se la conocía de memoria”. Desde los treinta y cinco años en adelante ya no pudo seguir trabajando debido a la profundización de su enfermedad. Veinticuatro horas antes de morir, ya moribundo, tomó la comunión, recibió la extremaunción y dijo sus últimas palabras, ¡Que Dios no me abandone nunca!

Entre muchas otras cosas referidas a la fe, Pascal dijo en “Pensamientos”, en el Artículo IX llamado “De Jesucristo”[2]: 

«Jesucristo es un Dios a quien uno se acerca sin orgullo, y bajo el cual uno se humilla sin desesperación»

En el mismo Artículo dice: 

“Los dos testamentos se refieren a Jesucristo, el antiguo como en espera, el Nuevo como en modelo, los dos como su centro”

Su obra principal, Pensamientos, aunque inconclusa, es considerada uno de los grandes monumentos de la literatura francesa. En ella hace una profunda apología o defensa de la fe cristiana.

Por último, un párrafo de sus Pensamientos que derriba el deísmo (Dios existe y creó el universo físico, pero no interfiere con él) y el ateísmo (Dios no existe): 

“El conocimiento de Dios sin el de nuestra miseria provoca a orgullo. El conocimiento de nuestra miseria sin el de Jesucristo provoca a la desesperación. Pero el conocimiento de Jesucristo nos salva del orgullo y de la desesperación, porque en él encontramos a la vez a Dios, a nuestra miseria, y el camino de repararla.
Nosotros podemos conocer a Dios sin conocer nuestras miserias, y nuestras miserias sin conocer a Dios; y hasta conocer a Dios y nuestras miserias, sin conocer el medio de salvarnos de las miserias que nos abruman. Pero no podemos conocer a Jesucristo sin conocer a la vez a Dios y a nuestras miserias, y el remedio de nuestras miserias, porque Jesucristo no es sólo Dios, sino el Dios reparador de nuestras miserias.
Así todos los que buscan a Dios fuera de Jesucristo y que se detienen en la Naturaleza, o no encuentran ninguna luz que les satisfaga, o bien llegan a formarse un medio de conocer a Dios, y de servirle, sin mediador, con lo cual caen en el deísmo o en el ateísmo, que son dos cosas que la religión cristiana aborrece casi igualmente.
Debe, pues, tenderse únicamente a conocer a Jesucristo, puesto que él solo puede permitirnos conocer a Dios de una manera que nos sea útil.
Es él el verdadero Dios de los hombres, es decir, de los miserables y pecadores. Él es el centro y el objeto de todo; y quien no le conoce, no conoce nada en el orden del mundo, ni en sí mismo. Porque, no solamente no conocemos a Dios sino a través de Jesucristo, pero tampoco nos conocemos a nosotros mismos sino a través de Jesucristo.
Sin Jesucristo el hombre está necesariamente en el vicio y en la miseria; con Jesucristo, el hombre está exento de vicio y miseria. En él residen todas nuestras virtudes y toda nuestra felicidad. Fuera de él no hay más que vicio, miseria, tinieblas, desesperación, y no vemos más que oscuridad y confusión, en la naturaleza de Dios y en nuestra propia naturaleza”[3]

No podemos finalizar con Pascal sin hablar del “Memorial”. El lunes 23 de noviembre de 1654, cuando Pascal tenía treinta y un años tuvo una experiencia que sólo se conoció después de su muerte al hallársele un fragmento de papel cocido dentro de su chaqueta cuidadosamente escrito. Se cuenta que tuvo un accidente del que salió ileso milagrosamente y dos semanas más tarde tuvo una visión de dos horas; al terminar escribió el Memorial que decía aproximadamente: 

Año de gracia de 1654, lunes, 23 de noviembre…; desde alrededor de las diez y media de la noche hasta las doce y media.
FUEGO. El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, no el dios de los sabios y filósofos. Certeza, certeza. Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo. Mi Dios y su Dios. Su Dios será mi Dios. Olvido del mundo y de todo, excepto de Dios. Él sólo es encontrado por los caminos enseñados en el Evangelio. Esplendor del alma humana. Padre justo a quien el mundo no ha conocido, pero yo sí que te he conocido. Alegría, alegría, alegría, lágrimas de alegría. … Dios mío, ¿me abandonarás? Que no me aparte de Él jamás. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Jesucristo. Jesucristo.  Yo me he separado de Él; he huido de Él; le he negado y crucificado. Que no me aparte de Él jamás. Él está únicamente en los caminos que se nos enseñan en el Evangelio: abnegación interior; renuncia total, completa… Una alegría eterna en comparación de un día de sufrimiento en la tierra. No olvido tus palabras. Amén»[4]
   


[1] Véase “Vida de Pascal”, por Gilberte Pascal, págs. 29-70, incluída en “Blaise Pascal, Pensamientos”, Editorial Losada S. A., 2003.
[2] Pascal, Blaise, Pensamientos, Traducción de D’Ors, Eugenio, Artículo IX, punto IV, pág. 147, Editorial Losada S. A., Buenos Aires, 2003.
[3] Ídem anterior, Artículo XIV, punto VII, pág. 183-184.
También disponible en internet del libro Pensamientos de Pascal sobre la religión, págs. 136-137, traducido al español por Don Andrés Boggiero, Oficial del Regimiento de Infantería de la Princesa, Edición Viuda de Blas Miedes, Zaragoza, 1790, p. 319. Ver:
[4] Véase, por ejemplo (cita en francés, artículo en inglés): Calin Mihailescu, Corpus Epochalis. Mysticism, Body, History, http://www.pum.umontreal.ca/revues/surfaces/vol1/mihaile.html consultado el 29/06/2016 o citado en español por Gerhard Lohfink en el capítulo “La muerte no es la última palabra” , págs. 11-54, del libro “Pascua y el hombre nuevo” de G. Lohfink,  A. Vögtle,  R. Schnackenburg, W. Pannenberg, Colección Alcance, N° 29, Editorial Sal Terrae, España, 1983; véase: http://mercaba.org/FICHAS/ESCATO/la_muerte_no_es_la_ultima_palabr.htm consultado el 29/06/2016.

viernes, 20 de abril de 2018

Científico creyente nº 20 – Laurent Lafforgue


Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Matemático creyente nº 20


20.   Laurent Lafforgue (n. 1966)

Un matemático francés que recibiera en 2002, a los 35 años de edad, la medalla Fields (Medalla Internacional para Descubrimientos Sobresalientes en Matemáticas). La Medalla Fields la recibió por su trabajo, presentado el 24 de mayo de 2000 en París, con el cual resolvió una de las conjeturas de Langlands acerca de una rama de la teoría de números[1]. El programa Langlands conecta diferentes teorías matemáticas a priori muy remotas. Lafforgue ya había recibido en el 2000 el premio Clay Research Award (del Clay Mathematics Institute) por esa misma temática. Es profesor permanente del Institut des Hautes Études Scientifiques (I.H.É.S.; Instituto de Estudios Científicos Avanzados) y director de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS; Centro Nacional de Investigaciones Científicas), uno de los cinco centros de investigaciones más importantes del mundo.
La Medalla Field (Field Medal) es un premio otorgado desde 1936 cada 4 años (salvo por la interrupción durante la guerra mundial) por la Unión Matemática Internacional (IMU) a entre 2 a 4 matemáticos menores de 40 años, fundada por el matemático canadiense John Charles Fields. Se lo considera como el Nobel de Matemática (ya que no existe en esta disciplina). Ver página oficial, International Mathematical Union (IMU); Fields Medal Details: http://www.mathunion.org/general/prizes/fields/details/ 

Lafforgue no solo expresa su fe en Jesucristo, él argumenta que la fe cristiana y la ciencia van imperiosamente de la mano. Él dijo[2] al recibir la medalla Fields: “Mi relación con Dios es poco emocional; la razón desempeña un papel muy importante. Busco lo más profundo, lo más importante. La fe tiende a la verdad y la ciencia también. No se puede investigar sin creer en la existencia de la verdad... En matemáticas, nunca hay que perder de vista los problemas centrales; lo mismo sucede en cuanto a la fe: siempre tuve el profundo sentimiento de que existe lo más esencial de todo: Cristo”, luego remató: “Amo a Cristo, amo a la persona de Cristo”.
Ma relation à Dieu est peu émotionnelle, la raison y joue un grand rôle. Je recherche ce qui est le plus profond, le plus important. La foi tend à la vérité. La science aussi. On ne peut faire de la recherche sans croire à l'existence de la vérité...En mathématiques, il ne faut jamais perdre de vue les problèmes centraux; pour la foi, c'est pareil: j'ai toujours eu le sentiment profond qu'il y a ce qui est le plus essentiel de tout: le Christ. Et je crois pouvoir dire: J'aime le Christ. J'aime la personne du Christ. Lafforgeue.

En una conferencia universitaria en Notre Dame[3]  realiza una profunda fundamentación de que la revelación judeo-cristiana es la base de la vitalidad de la educación a partir del origen y desarrollo de la Universidad; allí dice entre otras cosas: “Debido a que todas las cosas son creadas por Dios, todas merecen ser estudiadas. Debido a que todas las cosas fueron creadas por Dios, están todas relacionadas con lo absoluto”.
Parce que toutes choses sont créées par Dieu, toutes méritent d'être étudiées. Parce que toutes choses sont créées par le Dieu unique, toutes sont en relation avec l'absolu.

Desde el 2004 se interesa y participa críticamente en el devaluado sistema educativo francés; invitado a principios de noviembre de 2005 a formar parte del Alto Consejo para la Educación por voluntad expresa del entonces Presidente Jacques Chirac, después de pocos días renunció por sus posiciones poco conciliadoras, pues había dicho que el principal responsable de la destrucción de la escuela francesa (laica y republicana, se entiende) era el Estado mismo. En un escrito llamado Le Christ est la vérité, fondement d’un enseignement catholique[4]  (Cristo es la verdad, el fundamento de la educación católica) Lafforgue dice que la crisis educativa consiste en cinco pérdidas: en la transmisión de la vida, en la transmisión de la fe, en la transmisión de la racionalidad, en la transmisión de la cultura y en la transferencia de conocimientos. En ese texto exhorta, especialmente a los colegios confesionales cristianos a volver a las Escrituras, a poner a Jesucristo en primer lugar, a buscar la sabiduría en la lectura de los Proverbios, Eclesiastés, etc.
En uno de sus escritos dice[5]: “Las personas que me conocen saben que este compromiso mío tiene algo de paradójico pues, por encima de mi condición de matemático, de mi interés apasionado por la literatura y de mi amor por Francia y por su lengua, yo pongo la fe en Jesucristo y mi fidelidad confiada a la Iglesia católica, a través de la cual he recibido esta fe: cosas que con frecuencia me sitúan en una posición crítica con respecto a la Francia republicana y laica y, aún más, con respecto a una sociedad secularizada en la que me siento extranjero. Y, a pesar de esto, defiendo la escuela republicana...”.

En el año 2007 escribió el libro La débâcle de l'école: Une tragédie incomprise[6] (La debacle de la escuela: una tragedia no comprendida).



[1] Véase Laurent Lafforgue, lauréat 2002 de la médaille Fields, nota de Adélaïde Robert  para el Centre National de la Recherche Scientifique, CNRS Le Journal,  Nov/Dic 2012: http://www2.cnrs.fr/journal/970.htm
[2] Citado en: La foi pour les petits et les grands (La fe es para pequeños y grandes), devocional de La Bonne Semence, (La Buena Semilla), 7 de agosto de 2012, © Editorial La Buena Semilla, 1166 Perroy (Suiza), en francés: http://www.bpcbs.com/cal/2008/20080807.html.
[3] Lafforgue, Laurent, Conferencia Universitaria en Notre Dame: La recherche fondamentale atelle un sens? Quelques remarques d'un mathématicien catholique. En: http://www.ihes.fr/~lafforgue/textes/ConferenceUniversiteNotreDame.pdf
En inglés, traducción de Hélène Wilkinson: Does Basic Research Have Meaning? A Few Remarks by a Catholic Mathematician (¿La investigación básica tiene un significado? Unas Pocas Observaciones por un Matemático Católico) disponible en: http://www.ihes.fr/~lafforgue/textes/ConferenceLafforgueNotreDameTraduction.pdf
[4] Lafforgue en Poissy, session annuelle de l’ADDEC, 19/11/2009 transcripta por Louis Charles en Le temps d'y penser, © 2013 Le temps d'y penser, el 31/01/2012, disponible en:
[5] Entrevista a Lafforgue a cargo de Luca Doninelli en Grandes entrevistas. Educar es
ayudar a los jóvenes a entrar en su propia humanidad de la Revista Huellas, © Asociación Cultural Huellas, revista internacional de Comunión y Liberación, disponible en línea:
[6] Laurent Lafforgue, Liliane Lurçat; La débâcle de l'école: Une tragédie incomprise, Edición: François-Xavier de Guibert - OEIL, 2007 - 248 pág. ISBN 9782755401929

Científico creyente nº 19 – Amir D. Aczel


Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.
Matemático creyente nº 19


19.    Amir D. Aczel (1950-2015)

Matemático, historiador de la ciencia y prolífico escritor estadounidense nacido en Israel. Con una licenciatura y una maestría en matemáticas en la Universidad de California y un doctorado en estadística en la Universidad de Oregon, fue profesor en varias universidades. Su libro “El último teorema de Fermat”[1] (1997) fue un bestseller. Es reconocido como un excelente divulgador científico[2].

En la introducción de su libro “Por qué la ciencia no refuta a Dios”[3] Aczel explica que su participación en un debate sobre religión y ciencia en la que el biólogo evolutivo y ateo británico Richar Dawkins argumentó desde la física que cualquier suposición acerca de un Creador es innecesaria, fue lo que lo impulsó a escribir dicho libro. El refuta conceptos matemáticos y físicos mal usados por Dawkins. Él escribe[4]: En los últimos años, se ha propagado la idea de que Dios y la ciencia no pueden coexistir. Mi sentir es que muchas personas que mantienen esta postura distorsionan tanto el proceso como el valor de la ciencia con tal de satisfacer sus propios intereses. El propósito de la ciencia es la búsqueda objetiva de la verdad y debemos ser muy escépticos cuando la “ciencia” se invoca para argumentar a favor de intereses socio-culturales.



[1] Aczel, Amir. (1997). Fermat's Last Theorem: unlocking the secret of an ancient mathematical problema. Basic Books [versión en español (2005): El último teorema de Fermat: el secreto de un antiguo problema matemático. Fondo de cultura económica].
[2] Algunas de sus otras obras:
(1995) Statistics: Concepts and Applications (Estadística: conceptos y aplicaciones). Edit. Irwin.
(1998) Probability 1: Why There Must Be Intelligent Life in the Universe. (Probabilidad uno: Por qué debe haber vida inteligente en el Universo). Edic. Harcourt.
(2000) The mystery of the Aleph. Mathematics, the Kabbalah, and the Human Mind (El Misterio del Aleph: Matemáticas, la Cabalá y la Mente Humana). Basic Books.
(2001) The Riddle of the Compass. The Invention that Changed the World (El enigma de la brújula: la invención que cambió el mundo). Edit. Harcourt.
(2008) El cuaderno secreto de Descartes. Edic. Intervención Cultural/Biblioteca Buridán.
(2009) Uranium Wars: The Scientific Rivalry that Created the Nuclear Age. Palgrave Macmillan. EEUU [versión en español (2012): Las guerras del uranio: Una rivalidad científica que dió origen a la era atómica. Edit. RBA].
(2012) Entrelazamiento: El mayor misterio de la física. Grupo Planeta Spain.
(2015) Finding Zero: A Mathematician's Odyssey to Uncover the Origins of Numbers (Encontrando el cero: Odisea de un matemático para descubrir los orígenes de los números). St. Martin's Press.
[3] Aczel, Amir. (2014). Por qué la ciencia no refuta a Dios. Edic. Taurus (Edición original en inglés: Why Science Does Not Disprove God. Harper Collins. 2014).
[4] Ibídem, Introducción. Pág. 8.

Científico creyente nº 18 – Eric Ronald Priest


Continúo con la publicación de los capítulos 8 a 12 de mi libro "El Señor de los dos libros" 2ª edición. Uno a uno iré publicando las biografías de cientos de científicos creyentes de todas las épocas.

Matemático creyente nº 18


18.   Eric Ronald Priest (n. 1943),

Es un especialista inglés de la Universidad St. Andrews (Escocia) en Matemática Aplicada y Física Teórica Solar; usa técnicas de modelos matemáticos para estudiar un conjunto de fenómenos solares, considerado un líder mundial en el estudio del plasma solar. Ha sido galardonado con el James Arthur Prize (Harvard), el Hale Prize (American Astronomical Society), el Rosseland Lectureship (Oslo), la Robinson Medal[1] (2006) y la Hannes Alfvén Medal[2] (2017) [3] de la Sociedad Europea de Física. y publicado sus investigaciones científicas en diversos artículos.  En 1982 publicó Solar Magneto-hydrodynamics, un libro sobre campos magnéticos solares, que se ha ido actualizando y reeditando hasta la actualidad.

Es miembro activo de la iglesia anglicana. Ha dado charlas sobre ciencia y cristianismo. A fines del año 2015 dio la conferencia[4] titulada Towards an Integration of Science and Christianity (Hacia una integración de la ciencia y el cristianismo)

Su libro más reciente (2016) es Reason and Wonder: Why Science and Faith Need Each Other[5] (Razón y maravilla: por qué la ciencia y la fe se necesitan mutuamente)



[1]Mathematician awarded prestigious medal (04/12/2006). The University of St Andrews. La medalla, llamada así en honor al arzobispo Richard Robinson, fundador del Observatorio Armagh, fue otorgada en reconocimiento al trabajo del Profesor Priest como experto internacional en física solar, especialmente las interrelaciones entre la atmósfera ionizada del Sol y su campo magnético. Ver: https://www.st-andrews.ac.uk/news/archive/2006/title,43178,en.php consultado el 01/02/2018
[2] Premio otorgado por la División de Física de Plasma de la Sociedad Europea de Física desde el año 2000, honrando la medalla con el nombre de Hannes Alfvén (1908-1995), Premio Nobel de Física en 1970 por su trabajo fundamental y descubrimientos en la magnetohidrodinámica con aplicaciones fructíferas en diferentes partes de la física del plasma.
[3] Hannes Alfvén Medal Eric R. Priest, “por su contribución fundamental al entendimiento de la complejidad matemática y la física de la reconexión magnética y el acoplamiento magnético de la zona de convección con la atmósfera solar”. European Geosciences Union; ver: https://www.egu.eu/awards-medals/hannes-alfven/2017/eric-r-priest/ consultado el 01/02/2018.
[4] James Gregory Public Lectures on Science and Christianity (James Gregory Conferencias Públicas Sobre la Ciencia y el Cristianismo), web Scientists in Congregations Scotland, ver: http://www.jamesgregory.org.uk/ consultado el 08/08/2016.
[5] Priest, Eric. (2016). Reason and Wonder: Why Science and Faith Need Each Other. Ed. SPCK. Londres.

lunes, 26 de febrero de 2018

Científico creyente nº 17 – René Descartes




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Matemático creyente nº 17


17. René Descartes (1596-1650)
En latín Renatus Cartesius, fue un físico, matemático y filósofo francés. Inventor de la geometría analítica, propulsor del plano de ejes de coordenadas, llamado “cartesiano” y considerado el fundador de la filosofía moderna.
Famoso por su “cogito, ergo sum” (pienso, luego existo), dicho razonamiento culmina con la existencia de Dios. En una carta a Marin Mersenne escribe[1]: “No he dicho nada sobre el conocimiento de Dios, excepto lo que dicen todos los teólogos. Hay que señalar que lo que se conoce por la razón natural - que él es todo bueno, poderoso, veraz, etc. - puede servir para preparar a los infieles para recibir la Fe, pero no puede ser suficiente para permitirles alcanzar el cielo. Para eso es necesario creer en Jesucristo y en otros asuntos revelados, y eso depende de la gracia”
En francés: Et je n'ai rien dit touchant la connaissance de Dieu, que tous les théologiens ne disent aussi. Mais il faut remarquer que ce qui se connaît par raison naturelle, comme qu’il est tout bon, tout puissant, tout véritable, etc., peut bien servir à préparer les infidèles à recevoir la foi, mais non pas suffire pour leur faire gagner le ciel; car, pour cela, il faut croire en Jésus-Christ et aux autres choses révélées, ce qui dépend de la Grâce.
En inglés: I have said nothing about the knowledge of God except what all the theologians say too. One should note that what is known by natural reason - that he is all good, all powerful, all truthful, etc. - may serve to prepare infidels to receive the Faith, but cannot suffice to enable them to reach heaven. For that it is necessary to believe in Jesus Christ and other revealed matters, and that depends upon grace.



[1] Descartes, René. (1984). The Philosophical Writings of Descartes: Volume 3, The Correspondence. (Los escritos filosóficos de Descartes: volumen 3, la correspondencia). Cambridge University Press. Carta a Mersenne, marzo 1642. Pág. 211

Científico creyente nº 16 – Marin Mersenne



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Matemático creyente nº 16



16.   Marin Mersenne (1588-1648)
Matemático, fílósofo y sacerdote francés. Recordado principalmente por los números primos de Merssene[1], fue uno de los promotores de las comunidades científicas, manteniendo reuniones y correspondencia entre otros con Descartes, Pascal, Huygens, Torricelli, etc. Un pionero en la relación entre la matemática y la música, escribió Traité de l'harmonie universelle[2] (Tratado de la armonía universal), considerado la fuente teórica de la música del siglo XVII.
Como dice Butterfield[3]: “En el círculo alrededor de Mersenne en la década de 1630, la idea de una interpretación mecanicista completa del universo salió a la luz, y sus principales exponentes fueron los hombres más religiosos en el grupo que estamos discutiendo. Estaban ansiosos por demostrar la adecuación y la perfección de la Creación, ansiosos por reivindicar la racionalidad de Dios”
In the circle around Mersenne in the 1630's the idea of a complete mechanistic interpretation of the universe came out into the open, and its chief exponents were the most religious men in the group that we are discussing. They were anxious to prove the adequacy and the perfection of Creation — anxious to vindicate God's



[1] Números primos de la forma Mn=2n-1
[2] Mersenne, Marin (1627). Traité de l'harmonie universelle. Editado por G. Baudry. París.
[3] Butterfield, Herbert. (1965). The Origins of Modern Science (Los orígenes de la ciencia moderna). The Free Press. Nueva York. Pág. 85.